viernes, 22 de enero de 2010

Himno al Maestro

HIMNO AL MAESTRO
Música: Mario García

CORO (A)
Jubilosos entonemos
nuestra férvida canción
al maestro a quien debemos
especial veneración.
En sus actos nos demuestra
sin igual solicitud
y nos guía por la senda
de la ciencia y la virtud.

I (B)
¡Oh! Mentor de nuestra infancia
con tesón, celo y constancia
de abnegado profesor;
cúan amable, cúan afable
en la escuela lo encontramos
que en retorno le pagamos con amor.

II (B)
Si aconseja o si corrige
es cual fiel guía que rige
por la senda del honor
y su vida consumida
de la infancia en sacrificio
nos protege contra el vicio y el error.

III (B)
Gloria excelsa, honor, loanza,
gratitud y bienandanza
deseamos honra y prez
al celoso, cariñoso,
bienhechor de nuestra vida
al que queda agradecida la niñez.

SER MAESTRO

Ser maestro es una facultad excepcional, que se desarrolla en algunos seres humanos. A todos los llamados maestros no se les desarrolla ésta.
La experiencia conseguida con los años, y enriquecida con los aprendizajes obtenidos en el curso de su práctica, son los mejores indicadores si ésta ha sido desarrollada o no.
Quien es maestro, deja huella, trasciende entre sus dirigidos. Para esto, ese ser humano debe poseer algunas capacidades especiales, y desarrollar talentos que le permitan trascender en los demás.
Se es maestro cuando se orienta, cuando se conduce, cuando con amor se acompaña; cuando se comprende al otro y se ayuda a que este entre en el camino que es. Ese camino que ya el maestro caminó. El maestro entiende que se le debe esperar.
No es maestro el que trasmite conocimientos. Lo es, quien posibilita que el otro los construya. No es maestro, quien queda contento por que su alumno, o alumna le dijo al pie de la letra la lección, la tarea, el examen; por que le presentó muy bonito el cuaderno.
Es maestro, el que logra que sus dirigidos comprendan sus orientaciones, las hagan suyas, las modifiquen de acuerdo a sus propios pensamientos y sensaciones; entonces serán capaces de llegar por si mismos a la meta anhelada por él.
Quien es maestro, cree que el aula, la clase, el tiempo de relación con ellos, con ellas, no tienen como fin tratar el tema que planificó y que el programa manda a tratar. Cree firmemente que ese espacio, ese momento es para que puedan salir a resolver problemas cotidianos que la vida presenta todos los días.
Si ello no ocurre, el trabajo no tendrá verdadero sentido, ya que el fin primero y último de la educación es aprender a desenvolverse eficientemente en la vida, a partir de un sinnúmero de herramientas conseguidas en la escuela (la matemática, la biología, la ética, la filosofía, la química, y muchos más).
! El maestro es un ser excepcional. Sí, lo reafirmo
Y algunos se preguntan el por qué de ello.
He aquí algunas de las razones:
Es un ser especialmente sensible, su sensibilidad no es igual a la de los demás.
Es especialmente comprensivo. Su comprensión va más allá de los hechos que observa. Es capaz de involucrarse de “meterse” en las posibles causas y consecuencias de los hechos; y así mismo, visualizar alternativas para mejorar lo observado.
Como sabe que aprender implica “ir” y “venir”, implica “acelerar” y “desace, lerar”, entonces sabe esperar, sabe tener control sobre si mismo y sobre el que aprende.
Esto le permite entender qué le sucede a quien está aprendiendo, por donde se debe encaminar para conducirlo por el sendero adecuado.
El error permite aprender. Él convierte lo negativo en positivo, le posibilita al que aprende a verlo así. Con ello estimula a ir adelante
Para poder hacerlo así, requiere ser tolerante y con ello poder utilizar la adecuada medida
“Si se atiende a uno, no se atiende al otro ”, diría el refrán popular, el maestro busca la forma y la encuentra para atender a todos. El tiempo sabe ser un aliado importante, y quien lo sabe utilizar es verdadero maestro.
El maestro acompaña. El maestro sabe tomar distancia, sabe acercarse y cuando retirarse.
Muchos de los elementos anteriormente mencionados dan forma a un valor especial en el verdadero maestro: ser amigo.
La amistad posibilita una positiva empatía, que ayuda a que las partes entiendan que la exigencia es necesaria, que el esfuerzo se requiere, y que la flexibilidad también, pero no siempre.
Son muchas más las cualidades que podríamos seguir mencionando en el perfil del verdadero maestro, más quiero cerrar este escrito con intenciones de reflexión, con un valor que considero contiene a todos los demás: El amor.
El verdadero maestro se ama, por tanto ama a los demás. Al experimentar amor, siente las necesidades del otro, de quien está aprendiendo, lo que lo lleva a dar lo mejor de sí para ayudar a que el que aprende cubra sus propias necesidades
Experimentar amor, hace que ame su profesión, disfrute con lo que hace, se sienta motivado permanentemente. Mira la vida entonces, de una manera muy especial.
Como hay amor en sus venas, en sus células, en todo sus ser, cada acto que realiza lo hace de la mejor manera posible; entiende que hacerlo de cualquier manera no tiene cabida, pues el maestro por ser modelo, no puede ser modelo de mediocridad.
Amor y maestría constituyen una llave inseparable, se nutren mutuamente.
El amor construye lleva al bien; el ser maestro también
El que ama tiene esperanza, el maestro espera, 10 meses, dos años, cuatro, diez, para ver sus obras. La esperanza en él permanece.
El amor es juego encendido constantemente, es ese juego el que hace que el maestro verdadero vaya hasta el final, no reniegue de lo que es, de su suerte y de su vida.
Todos los días se siente enaltecido, se siente motivado, por que lo que hace mueve al mundo, pues los seres son los que mueven el mundo, y esos seres un día estuvieron en sus manos.
¿PODRÁ ENTONCES EXISTIR OTRA PROFESIÓN MÁS ESPECIAL QUE EL SER MAESTRO?
Fernando Eugenio Rentería Garzón
Profesional en educación.

jueves, 21 de enero de 2010

"Manuel Vicente Cuervo" Épico

Manuel Vicente Cuervo Épico.
En el principio todo era oscuridad y confusión en La mente de los mortales. Su alimento eran la superstición, la ignorancia y la crueldad. La tristeza los consumía, puesto que les eran desconocidos aquellos rasgos de carácter que caracterizan a las almas superiores: Amor, comprensión, tolerancia y la disposición al sacrificio.
Pero un día las entrañas de la tierra fueron conmovidas. El mar rugía como un león que ha sido despojado de su cría. Los volcanes dejaron escapar de su prisión aquella lava ardiente e infernal que fue consumiendo todo lo que a su paso hallaba.
Las bestias y todas las especies de animales enloquecieron y sus lamentos fueron escuchados en los confines del planeta.
La tierra se estremecía y sus abismos fueron abiertos, infinidad de criaturas fueron a dar a su seno y devoradas por las llamas que de ahí brotaban…
…y de repente, los cielos fueron rasgados. Ráfagas de luz divina, como torrencial aguacero cayó sobre la tierra.
Algunos privilegiados les fue iluminada su mente y sus conciencias fueron sensibilizadas.
En un pueblito de tierras fértiles como las de Canaán, bordeado de aguas saladas y verdes colinas; donde los luceros cada noche bajan a contemplar y a deleitar sus sentidos en la belleza de las mujeres que allí habitan. En aquel lugar, donde la luna se hizo de un amante que en cada nueva aurora endulzaba su alma con rocíos de poesías…
…En aquel recinto de arco-iris y mariposas predicando al viento sus sueños de libertad. En aquel lugar llamado Puerto Cumarebo hicieron su morada los iluminados.
Y una noche recibieron la visita del rey del cielo y de la luz.
- Os vengo a traer un nuevo obsequio – les dijo
-Y a encomendarles una misión. El presente es el amor, y con la luz que ya poseéis y la bondad que ahora les entrego no habrá causa fallida.
- Debéis organizarlo y fundar una escuela, la cual tendrá como misión combatir las tinieblas en todas sus formas:
Ignorancia, mentira, violencia, fanatismo y corrupción.
- ¿Y qué nombre le daremos a esa sagrada institución?
- Preguntó uno de los presentes.
- Se llamará Manuel Vicente Cuervo. Ese era el nombre de uno de los iluminados y destinado hacer guía de muchas generaciones.
- Debéis sembrar – Prosiguió el altísimo – En cada corazón de los niños y niñas que lleguen a vuestro regazo las semilla de la paz, el interés y la devoción por el trabajo, el amor por sus semejantes, la solidaridad con el que sufre, el respeto por la naturaleza y sus leyes. Haciéndoles entender que cuando la dañen se perjudicas así mismo y un día perecerán, porque las leyes que rigen al universo son las mismas que gobiernan al hambre y también a la flor que crece en el jardín y al curso de los ríos.
- Hacedles entender que la ley de la compensación es inexorable y que todo lo que el hombre sembrare, eso cosechará. Decidles que nunca, y bajo ninguna circunstancias deben renunciar a su derecho a pensar y a luchar para construir un mejor destino, porque ahí radica la verdadera libertad.
- Enseñarles que la dignidad está por encima de la vida, porque muy poco valor tiene una existencia carente de dignidad.
Y conforme se dijo, fue hecho. Y desde aquel instante, aquellos escogidos sembraron la simiente que les había encomendado en el alma de aquellos discípulos que asistían en busca de conocimientos y sabiduría a aquella fuente de luz.
¡Y hasta el presente sigue soñando con la construcción de un mundo mejor!
Autor: Yngry W Sánchez C.
Puerto Cumarebo; 26 de Octubre de 2009.